Jamás he sentido ser parte de alguna historia en particular. Mas bien soy, como los negros y abstractos caracteres que se convidan en fila india, para tratar de darle sentido a cualquier relato. Como en aquellos libros ya leídos y hace tiempo olvidados; mi carácter parece dejarse llevar y sin pretensión alguna, se suma y se enreda como madeja, a esa vorágine infinita de cuentos no contados. De cada historia que he sido parte, solo me quedan espacios amorfos, repletos de figuritas oscuras, unas al lado de las otras, sin intención aparente de ser literatura.

Me place sentir el rocío mañanero sobre mi cara, así se que aún estoy vivo; otras veces me asumo como ser viviente, sólo porque mi pecho se infla y desinfla y mi panza solidaria, se empeña en acompañarlo en este finito vaivén, como si de eso se tratara toda esta multiforme mascarada.

Siento que voy y vengo, de entre los universos paralelos que me alimentan y adoptan. Si acaso me empujan, aprovecho esa energía ajena para hacerla mía y andar libre y solitario como el viento que va y viene sin cesar. Si me detienen, asumo la posición del descanso eterno, hasta tanto alguien o algo, se tome la molestia de empujar de nuevo mí ausente humanidad.

Parece aburrido pero no lo es, tanto es así, que se ha vuelto una deliciosa adicción, eso de andar sin aparente rumbo fijo.

Qué más puedo decir, que aquí estoy de nuevo, en un merecido descanso, un día cualquiera, de una tarde cualquiera; a la espera de un inesperado empujón que me devuelva la ilusión de poder caminar a mis anchas.

 Vitico Cabrera

Pinto porque me divierto.

Habrán mejores razones y motivos, pero a mí me basta con divertirme; lo demás llega por añadidura...

Me gusta ver las fotografías de dos maneras.

La primera, es cuando solo poso mi mirada inquisitiva sobre las formas, la composición, el foco, el color... 

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